
- Decidme, sinceramente, doctor ¿de cuántos pacientes lleva su muerte en la conciencia?”.
A
lo que el médico contestó:
- De unos trescientos mil menos que Vos, Majestad.
Su
amistad con su médico personal, Filipo de Acarnania, era fraternal y
se originó durante la infancia de ambos. En una ocasión Alejandro
enfermó e hizo llamar al galeno. Mientras lo traían uno de sus
generales le alcanzó una nota advirtiéndole de que Filipo se había
vendido al enemigo y, probablemente, aprovecharía para envenenarle.
Cuando llegó, le preparó un brebaje y seguidamente se lo bebió.
Fue entonces cuando Alejandro Magno le dio la nota de su general al
médico quien la leyó quedando impresionado. Después, Alejandro
dijo con palabras sinceras de amistad: “Prefiero
morir a desconfiar de mis amigos”.
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