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THOMAS MANN (1875 – 1955)


Premio Nobel de Literatura en 1929, es una de las figuras más importantes de la literatura de la primera mitad del siglo XX. Sus novelas exploran la relación entre el artista y el burgués o entre una vida de contemplación y otra de acción. Su producción literaria fue enorme y, de entre ella, merece destacarse cronológicamente obras como Los Buddenbrook (1901) –en la que narra el progresivo declive de una estirpe hanseática en el curso del siglo XIX, sobre el fondo de los procesos de cambio sociológico producidos en esa época–, Tonio Kröger (1903) –es la biografía de un artista, temáticamente muy cercana a Los Buddenbrook–, Alteza real (1909) –se trata de una "comedia en forma novelesca" narrada con simpática ironía–, Muerte en Venecia (1913) –presenta a través de sus protagonistas una sutil relación dialécticta entre el apogeo de la belleza y la inevitable presencia de la muerte–, La montaña mágica (1924) –Hans Castorp, patricio alemán internado siete años en un sanatorio pulmonar internacional suizo, vive un proceso formativo: con la excusa de las varias conversaciones que se entrecruzan en ese mundo cerrado, Mann intercala una serie de ensayos sobre múltiples cuestiones y traza un cuadro minucioso de la sociedad europea anterior a la Primera Guerra Mundial–, la tetralogía José y sus hermanos (1933-1943) –recreación del relato bíblico pero sin ninguna pretensión de historicidad, refleja la evolución del pensamiento del autor desde el irracionalismo del período 1914-1918, pasando por la democracia burguesa de la década de 1920 y los planteamientos condicionadamente socialistas de la de 1930, hasta su admiración por el New Deal de Roosevelt, que se hace evidente en la última de las cuatro novelas, cuyo eje gira en torno a la síntesis entre cuerpo y espíritu–, Carlota en Weimar (1939) –relata el reencuentro de Goethe, en la culminación de su vida, con Carlota, su amante de juventud, y dibuja al representante del clasicismo alemán como el artista que ha logrado la armoniosa fusión en sí mismo entre las personalidades del poeta y el ciudadano–, Doctor Faustus (1947) –centrada en el carácter ambivalente del dotado compositor, que cae en manos del diablo, refleja la decadencia y una mezcla de culpa e incapacidad de la sociedad burguesa alemana, desde fines del siglo XIX hasta la actualidad, con una madurez que elude la facilidad de las conclusiones–, y Confesiones del aventurero Félix Krull (1954) –una renovación de la novela picaresca y al mismo tiempo parodia de la tradicional "novela de formación" alemana; el argumento reanuda un tema básico de Mann: la decadencia y la degeneración no sólo son fronterizas del crimen, sino también una posibilidad de ampliar los límites de la existencia. Como acompañamiento de su obra narrativa, aparte de un único drama, Fiorenza (1906), Thomas Mann fue asimismo autor de una ingente producción ensayística.

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